Me piden que no hable

11:34 a.m.

Escrito por Jenny Torres
Comentario personal: Jenny es una mujer con un enorme potencial, además de una excelente preparación... Su "grito", es el grito de muchas mujeres que son desechadas por la edad, por su condición de mujer, porque deben escoger entre ser madres y/o ser productivas. Jenny es como mi amiga Martha, quien es fuerte, inteligente y trabajadora; sin embargo un día la paró un muchacho para una encuesta y al consultar el rango de edad y ella decirle que tenía más de 40, él le contesta... "Muchas gracias señora, perdón pero usted no me sirve"... Con su habitual humor me contó la anécdota cerrando con un "Ya no sirvo ni para una encuesta" y una sonora carcajada de una mujer que se sabe útil para eso y mucho más.
Jenny además adjuntó su propia imagen, me tomé la libertad de cambiarla porque sólo tenemos mujeres "pin-up" en este blog y la que estoy agregando me parece adecuada porque también ejemplifica lo que le está pasando a Jenny... es como cuando a uno le dicen: "Agarre todo ese polvo y basura y lo mete debajo de la alfombra donde no se vea"... Pero la suciedad nunca se va, sigue siempre ahí, debajo de la alfombra.

Me piden que no hable, que no escriba, que no exprese lo que pienso y siento aun de manera afable.
Que la gente normal se asusta cuando escucha la verdad sin piedad.
Que destruyo los buenos sentimientos de los que tienen la posibilidad de ayudarme porque nadie quiere oír quejas ni reclamos de igualdad, justicia o libertad.
Que solo debo enfocarme en una mirada positiva que la vida ofrece y hacer como que lo negativo no existe, porque “todo llega” para el que tiene fe, reza y sabe esperar aunque esté a la deriva.
Que la tristeza ajena aburre y desmotiva a los que viven bien y tienen el poder de cambiarla por felicidad.
Que ellos también han tenido penas y sufrimientos en sus jaulas de oro tan amenas. Que saben lo que es padecer sed y calor cuando sus piscinas y jacuzzis no están abastecidos o en sus alacenas no tienen caviar o champagne.
Que comprenden lo que es tener hambre cuando por sus excesos en el comer y beber los ha obligado a moderar sus dietas sintiendo uno que otro calambre.
Que no desconocen lo que es el sudor en sus frentes porque cada vez que asisten a sus sofisticados gimnasios las rutinas de sus entrenadores personales les resultan extenuantes.
Que los que tienen más, alguna vez tuvieron menos y a punta de explotar a los más débiles o aprovechando oportunidades que a los otros jamás les ofrecerán, aprendieron que primero tiene que salvarse ellos mismos si quieren salvar a alguien más.
Que los manifestantes de cualquier causa que busque equidad no pasan de ser unos ordinarios chancletudos sin oficio ni beneficio, que si tuvieran dinero, comprenderían mejor lo bien que se siente no tener miedo a que falte suplir algunas necesidades.
Me piden que no piense, que no sienta, que agradezca las injusticias que sufro porque hay todavía otros que están peores y no se les escucha siquiera chistar.
Me dicen que soy una malagradecida porque vivo en mejores condiciones que los pobres del pasado, que si no tengo trabajo es porque no quiero, porque me falta fuerza o porque no he buscado lo suficiente, aunque me hayan discriminado por algún requisito absurdo, edad, género que los que tienen conocidos y amigos políticos jamás han sufrido en toda su vida
Quieren que comprenda que una limosna es más que suficiente, que no podemos salvar a todos los que no tienen, que la vida es así, deficiente.
Me piden que pierda la humanidad que es justamente lo único a lo que no puedo ni quiero renunciar.
Jenny Torres.

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